Lo que representamos
Europa se enfrenta a numerosos retos derivados de factores externos, como la injerencia extranjera, las noticias falsas, la globalización, el proteccionismo, el terrorismo y otras amenazas para nuestro modo de vida. Además, se enfrenta a un escepticismo interno alimentado por sentimientos antieuropeos. Por lo tanto, es crucial fomentar una Europa unida y resiliente capaz de abordar eficazmente estas cuestiones, defendiendo al mismo tiempo nuestros valores cristianos indispensables.
La democracia cristiana desempeña un papel fundamental en la unificación de nuestros esfuerzos, ya que sitúa a las personas en el centro de nuestra acción política. Nuestro compromiso con la libertad y el empoderamiento de nuestra ciudadanía conlleva una gran responsabilidad.
A través de la colaboración y la preservación de la Unión Europea, podemos conseguir una Europa más ambiciosa y mejorada.
Construir una Europa que represente verdaderamente a su ciudadanía requiere tender puentes donde otros solo ven diferencias. A medida que damos forma a nuestro camino europeo, es imperativo afianzar nuestros valores y ser la voz de la razón, la compasión y la esperanza. Todo ello sin dejar de trabajar por una Europa que funcione para todos.